Triste, agotado de tanto pensar, pienso cosas que decir, o escribir, cuando llegue a casa. Pero cuando llego a casa es como si las paredes me protegieran, y de repente todos esos pensamientos de mierda, toda esa infelicidad que parece rodearme desaparece. Es como si estuviera protegido, aislado del mundo exterior, en mi propia burbuja.
No sé a que se debe, pero me pasa muy seguido. No sólo cuando las cosas están bien, hay veces que estoy casi saltando en una pata de la felicidad y, cuando quiero escribir sobre ese estado de éxtasis que me invade, nada sale. Incluso cuando no pienso sobre algo en particular, y solo tengo ganas de sentarme a escribir.
Es como si, de alguna extraña manera, mi casa me inhibe para escribir, siendo el lugar donde generalmente suelo escribir. No sé por qué, pero me gusta estar aislado del mundo. Me gusta estar en casa, me gusta sentirme aislado del mundo. Pero no me gusta ese sentimiento de sentirme un extraño en mi propia casa, que es lo que me inhibe escribir, pensar o crear en general.
Algo voy a tener que hacer para revertir la situación.. Más si estoy por arrancar un taller literario...
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