viernes, 24 de febrero de 2012

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Hoy tuve un día bastante largo, me liquidó. Pero recién son las 19:30, y sé que me queda un largo día por delante. Me levanté tempranito para irme hasta Belgrano Recalcadaconchalalora para un seminario-capacitación del laburo, donde me quedé hasta las 17hs aprox. En pocas palabras: estuvo bueno, pero muy largo.

En fin, ayer me quedé con varias cosas en la mente. Un amigo dijo por ahí que, si querés a una mujer, tenes que hacerla reír, sonreír y nada más. Que no hay nada más difícil que no exparsir tu mierda interna con esa persona, dejando así solo lo mejor para ella y tus quilombos para vos. Es algo bastante cierto, y que sin duda me gustaría hacer cada vez que la veo, pero mucho me cuesta.

Tirado en el sillón me pongo a pensar en eso. ¿Realmente me convenís lo suficiente para dedicarte todo mi tiempo? ¿Realmente estoy dispuesto a seguir sufriendo, esperando? Yo quiero creer que sí, pero el miedo de que no sea cierto me invade de vez en tanto. El miedo de que, al fin y al cabo, hayas cambiado y ya no te interese lo que puedo ofrecerte. El miedo de que sea en vano todo el esfuerzo, que todo lo que intento no me sirva más que para pasarla peor.

Pero dejo de pensar todo en el momento en el que te veo. En el momento en el que me miras, me sonreís, me haces olvidarme de toda esa mierda. Ese momento mágico en el que mi mente se desprende de mi cuerpo, de mi mundo, y se queda colgada en vos, en lo bien que me siento cuando estoy bien con vos.

Eso es lo que voy a intentar hacer a partir de ahora. No sé si solamente te voy a hacer sonreír, reír y ver flores. No sé si solamente haya buenos momentos, sólo sé que voy a tender a eso. A partir de ahora prometo cambiar, no más peleas estúpidas ni discusiones sin sentido. A partir de ahora, como dijo mi amigo, voy a buscar hacerte reír, reír y sonreír. Y acompañarte ahí, para ser feliz yo también junto a vos.

Tuyo

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